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“Vivir la utopía” es el nombre del documental que me gustaría que le echarais un vistagetazo, son los relatos de los que podrían ser nuestros abuelos, jovenzuelos radiantes de ilusión y energía durante los años de la última república en nuestro país. El documental me encanta porque son las mismas personas que vivieron ese periodo las que cuentan sus propias historias, convirtiéndose en historia viva, un método de trasmisión fabulozo… También es de admirar y que nos sirva para reflexionar los valores con los que se manejan para hacer lo que descubrireis si seguís este enlace… http://video.google.com/videoplay?docid=-8755849295018315234# … asínhe!! Disfrutarlo mis compadres y a soñar mucho, pero miraa.. muucho, a nuestra edad sería un atraso no ser utópico, viva la educación libre.
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Cuando quieres decir algo y ya está dicho…
La elegía del volcán: Tom Waits
Percibo la vejez porque los recuerdos se difuminan, confundes fechas, sientes conveniente distancia ante recuerdos imborrables, te duelen las partes con las que siempre has jugado (lo decía el sabio Leonard Cohen), embelleces los recuerdos porque tal vez sean lo único que te ayudará a sobrevivir al invierno, te ha llegado la información en medio de un pavoroso insomnio (gracias, Martin Amis) de que la muerte ya no es un coqueto y prestigioso juego de adolescencia ilustrada o tibiamente kamikaze. Esta ahí, se está zampando por múltiples razones biológicas, accidentales, inevitables o vocacionales a los que siempre tuviste cerca, a los que perdiste de vista aunque existiera algo muy fuerte, a los que dejaste, a los que te dejaron, a los que os dejasteis, a esas malditas sensaciones asociadas a la pérdida, la traición y el abandono.
Y relaciono mi vida, como otros lo hacen por razones infinitamente más lógicas y humanas, como el siempre mágico nacimiento de los hijos o la certidumbre de que encontraste definitivamente tu refugio, con los mercaderes mundiales de fútbol y con la mitológica presencia en vivo y en directo de gente que hacía música maravillosa en vinilo, en ese formato tan imperfecto como vital que los fenicios de la industria discográfica nos exigieron que desterráramos, en nombre de una cosita tan irrompible como aséptica llamada compact.
Nos privaron de las fascinantes portadas de los discos, del manoseo ritual del fetiche, de acomodar tus ciclotímicos estados de ánimo al surco rayado o malsonante de ese objeto que reproducía voces y sonidos impagables, de que te quedaras frito por exceso de emociones, de alcohol o de otras drogas, y al despertarte siguieras escuchando el hipnótico runrún de la aguja, alguien circunstancial y hermoso (en lo segundo hay que tener suerte, o estilo, o dinero), o tú mismo, o tu inconsolable soledad te planteara soluciones, recetas de náufrago, murallas contra la desolación: “Hay que poner la otra cara del disco”.
Y recuerdas en brumas los primeros conciertos en esta ciudad paralelamente amurallada y abierta, en el complejo “pongamos que hablo de Madrid”. Recuerdas porros que provocaban hambre, risa y sexo. Y la sensación volcánica de que nada era lo que parecía con el primer tripi, del pavor de no regresar a la tierra, del éxtasis amenazado por una inquietud sobrenatural. Y recuerdas los primeros conciertos, de la madera haciendo patriótica guardia ante olores o disturbios mosqueantes, de la entusiasmada percepción del espectador ante la seguridad de que los tiempos estaban cambiando, y a Leonard Cohen sentado en un taburete, sin acompañamiento, revelándonos que la gente dice que Suzanne está loca pero él ha amado su cuerpo perfecto con su pensamiento.
Sólo faltaba uno de los más grandes. Es más que un músico, que un cantante excepcional, que un showman, que un actor, que un símbolo. Es un estado de ánimo, es el delirio y el analgésico del perdedor, es llenar de belleza el volcán y el desastre cotidiano, es de las cosas más profundas que te pueden ocurrir cuando tienes el hígado roto y el corazón jodido, es el corazón del sábado noche, es el último tren a la ciudad, es las cosas del corazón, es el suelo inmensamente frío, son los halcones nocturnos en el diner, es la chica de Jersey, es noviembre, es el tiempo, es nadie, es la hermosa enfermedad, es la droga que logra establecer una tregua con mis dolores más profundos, es la autodestrucción y la necesidad de vivir, es la autocompasión y el desgarro, es las entrañas de la soledad y del desamparo, es la chulería indefensa y la sensualidad del amanecer, es la necesidad de irse y de quedarse, es la elegía y la obsesión, es un individuo de pinta inquietante y voz incomparable llamado Tom Waits.
Y no puedo ver al más ansiado, al sonido que ha hecho llevaderas mil madrugadas amenazadas por el vértigo, por las sucias salvaciones cotidianas, porque tengo que llenar con intensidad y criterio de palabras, micrófonos y cámaras el trabajo excelentemente pagado de hablar de los otros. Pero no sé cuántas veces he llorado escuchando a Tom Waits, las que que he sentido en lo más íntimo la expresividad incomparable de lo que le ha ocurrido tantas veces a mi cuerpo y a mi alma.
Yo no soy de ese tipo de admiradores, aunque me haya comportado a veces como un irremediable imbécil. Pero cuando gimes, cuando vomitas en alma y cuerpo, cuando eres lírico, cuando sufres de verdad, cuando el sarcasmo alivia la melancolía, yo le amo, señor Waits.
Carlos Boyero. (artículo publicado en El País ante la llegada a Madrid de Tom Waits)
“En un principio la tarea del poeta es recuperar lo irrecuperable, recuperar los dominios perdidos de la infancia y la juventud”
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De esta canción maravillosa compuesta por Quique Gónzalez me quedo en este caso con el germen de la misma, a partir del cual surgió todo…
Como la luz de un sueño,
que no raya en el mundo pero existe,
así he vivido yo
iluminado
esa parte de ti que no conoces,
la vida que has llevado junto a mis pensamientos…
Y aunque tú no lo sepas, yo te he visto
cruzar la puerta sin decir que no,
pedirme un cenicero, curiosear los libros,
responder al deseo de mis labios
con tus labios de whisky,
seguir mis pasos hasta el dormitorio.
También hemos hablado
en la cama, sin prisa, muchas tardes
esta cama de amor que no conoces,
la misma que se queda
fría cuanto te marchas.
Aunque tú no lo sepas te inventaba conmigo,
hicimos mil proyectos, paseamos
por todas las ciudades que te gustan,
recordamos canciones, elegimos renuncias,
aprendiendo los dos a convivir
entre la realidad y el pensamiento.
Espiada a la sombra de tu horario
o en la noche de un bar por mi sorpresa.
Así he vivido yo,
como la luz del sueño
que no recuerdas cuando te despiertas.
Magnifico poema de Luis Garcia Montero
PD: pero esperate!! que buscando este poema me he encontrado este!! que maravilla…
Como el primer cigarro…
Como el primer cigarro,
los primeros abrazos. Tú tenías
una pequeña estrella de papel
brillante sobre el pómulo
y ocupabas la escena marginal
donde las fiestas juntan la soledad, la música
o el deseo apacible de un regreso en común,
casi siempre más tarde.
Y no la oscuridad, sino esas horas
que convierten las calles en decorados públicos
para el privado amor,
atravesaron juntas
nuestras posibles sombras fugitivas,
con los cuellos alzados y fumando.
Siluetas con voz,
sombras en las que fue tomando cuerpo
esa historia que hoy somos de verdad,
una vez apostada la paz del corazón.
Aunque también se hicieron
los muebles a nosotros.
Frente a aquella ventana -que no cerraba bien-
en una habitación parecida a la nuestra,
con libros y con cuerpos parecidos,
estuvimos amándonos
bajo el primer bostezo de la ciudad, su aviso,
su arrogante protesta. Yo tenía
una pequeña estrella de papel
brillando sobre el labio.
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Lo que os invito a ver, si no lo habéis hecho ya, es este mediometraje dirigido por Chris Marker. La característica que lo define, tal como apunto su propio autor, es que se trata de una fotonovela, es decir, construida en base al empleo de fotografías que convenientemente ensambladas dan lugar a esta joya.
Pd: Dadle vidilla a esto, subid lo que sea u os interese aunque no tengáis tiempo de escribir nada!!
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Como alguien puede componer esto por dios!!!